Las palabras me aturden.
Las frases me estresan.
La ideas me agotan.
Ya no puedo escribir.
Las manos negras, el alma manchada y la cabeza gacha.
Los pies de arena, los hombros de yeso y el cuerpo era lienzo desnudo, germinando creación y alejándose prontamente de su inmadurez.
Ya no puedo escribir.
No sólo porque las palabras aturdan.
No sólo porque las frases me alarmen
y las ideas sean piedra.
La espalda de agua, las piernas de fuego y el rostro se encuentra tallado en madera, madera noble.
Ya no puedo escribir.
Hay veces que digo puedo,
hay veces que me miro...
Hay veces que miro y soy más nueva que antes.
Ya no estoy tan segura de que las grietas sean señal de sabiduría y experiencia.
Ya no estoy tan segura.
Las secuelas de los nuevos procesos nos hacen más nuevos. Lo veo en el lienzo, cada color que aparece es reinvención.