Hoy me encuentro a regañadientes dispuesta a decirte que hemos aprendido.
Te recuerdo y pareces una historia, te recuerdo y ya no puedo volver a quererte; cuánto te contuve para hacer vida y con nuestra llegada a casa... amaneceres exhalando profecías. Pues, tu y yo sabemos que era fuerte y bello, tan fuerte que sólo golpeaba y tan bello que no podía quedarse en la unión de nuestras manos.
Tú - con soberbia - has recordado todo; no hay quejas ni puños sobre la mesa, no hay molestias ni ganas de estar acá. No queda nada.
He venido a trajinar sueños vencidos, sueños remojados en vino, sueños que han volado a otra suerte porque ésta no fue la mía.