Es un poco temprano para sentirme estúpida, al menos esperaré para sentirme así después de una taza de té, sentarme y apoyar mis brazos con la cabeza mirando tiritar el agua. Estoy cansada. Todo gira en torno a los pensamientos negativos y ultra-alentadores que se muestran como ruleta de la fortuna, estoy entrometida con una maraña de pensamientos (me gusta la palabra maraña, me imagino hilos fibrosos enredados) que quiero sólo desechar.
Ojalá que con los días las tazas de té sean menos frecuentes para saber que he dejado de pensar alguna vez, un descanso de todo lo que acarrea vivir una vida con tiempos, frecuencias, espacios y derivados que nunca deseaste pero ahí están y ya son tuyos. Empezar de nuevo me es brutal pero mi insistencia es más fuerte que mis ganas de acomodarme a lo que tengo.
Siempre espero que las instancias me agoten y cuando estas la hacen es porque mi corazón ya no las desea. Es claro, que ahora no es así.