Delatarse es una traición que la razón hace conscientemente. No temamos de lo ajeno, temamos siempre de nosotros.

jueves, 25 de abril de 2013

Después del duelo.

Me van a disculpar, señoras bien vestidas y caballeros deshonestos, pero tendré que repetir el nombre del personaje. Oh sí, otra vez.
Lo han notado, verán, él me ha robado segundos de mi vida para decirme lo mala mujer que fui, que soy y quizás siempre sea.
Y lo vi, paseando ayer, con cierta felicidad y amargura en el cabello, qué se yo, pero ahí estaba. Atormentado. Lo lamentable, señoritas y señorotas, es que me compadecí de su arrogancia, egolatría y mal parir sentimiento de amor hacía mi. Yo, mas les aseguro, no podría volver a perdonarlo aunque me haga sentir como una niña mimada con dichosa vida ni que las canciones con discursos cursis se parezcan a la silueta que la última vez vi. 
Para todos, tengo que contarles la historia de un hombre que tiene virtudes dentro de un sombrero y una mano, le dedique hojas que nunca desgarre hasta hoy. No quiero volver a ver a quien después de hacerme y deshacerme, prefirió con buena elegancia, destrozarme.
¿Será cruel, lectores? pensar qué él prefirió deshacerse una vez más de mi, una vez más de mi, una vez más de mi y de mi. Son las notas de cada canción que le perteneció. 
¿Será exagerado, amigos míos? pues, su juicio y prejuicio no tiene cabida acá, porque cuando pasamos a ser objeto del sujeto, del sujeto - amante, de tu mismo amor, duele como el carajo, como todos los días cuando terminan y exhalan contención y como las madrugadas heladas quemantes y errantes, cargadas de emoción por el nuevo día que tiene el vacío más grande que jamás-nunca pensé que me haría cargo.