Es una buena etapa para empezar a construir lo que los sueños predijeron para mi. Entre más camino hago, menos veo lo que hay allá atrás y creo haber olvidado varias cruces que marqué, entonces, no podría nunca-jamás volver. Es sano, muy sano despojarte de la cristalidad en los ojos, vidriosos, destellantes, fibrosos.
Todo se transforma hasta llegar a su punto final, su consolidación, la cura de espanto, aquella que cuando el pronostico más temeroso se avecina no puede escandalizarte el alma porque ya lo viste desnudo y te vio muerto, la confiabilidad intima de nuestro inerte e irracional.
Toda esta etapa para construir las fortalezas en el pecho de lo que hemos visualizado en un umbral.